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Al Mal Tiempo Buena Cara

Al mal tiempo, buena cara es un espectáculo que rinde homenaje al circo tradicional, integrando un hilo conductor narrativo que enlaza cada número y transforma la función en una experiencia continua, dinámica y llena de humor. La historia se construye a partir de una premisa clara y universal: mantener una actitud positiva frente a la adversidad.

A lo largo de la función, los artistas se enfrentan a situaciones inesperadas que derivan en una divertida comedia de equivocaciones, donde el error se convierte en motor creativo y fuente de risa. El público no es sólo espectador, sino que se vuelve protagonista y cómplice, generando una relación cercana y directa basada en el humor, la magia y la interacción permanente.

El espectáculo incluye la participación de Señor Corales, un carismático payaso, y seis rutinas circenses de alto nivel: Dúo Tornasol en aro aéreo, trapecio triple, equilibrio en sillas, tela aérea, dúo de mano a mano cómico y malabares con pelotas y clavas, conformando una propuesta variada, visual y emocionante para todo público.

Este espectáculo se ha presentado en:

  • Fondo Ambientador
  • Telón.
  • Mesa de Sonido
  • Amplificación
  • 3 micrófonos de Cintillo
  • Material de Utilería
  • Traslado y ornamentación de circo

Duración: 60 Minutos

  • Aro Aéreo
  • Trapecio Triple
  • Equilibrio en Sillas
  • Telas
  • Mano a Mano Cómico
  • Malabares

La Historia...

un circo que está a punto de abrir sus puertas… pero nada sale como debería.

El clima es un desastre, los artistas llegan tarde, los objetos no están donde deberían estar y el ánimo parece tan torcido como una cuerda floja mal tensada. En medio de ese caos aparece el Señor Corales, un payaso veterano, optimista hasta el exceso, convencido de que “si algo puede salir mal… igual puede ser divertido”.

Mientras intenta ordenar la función, cada intento de “arreglar” las cosas provoca nuevos enredos:
un número comienza antes de tiempo, otro se interrumpe, alguien entra por el lugar equivocado. Los errores se acumulan, pero lejos de detener el espectáculo, lo empujan hacia adelante.

El Dúo Tornasol, suspendido en el aro aéreo, aparece cuando nadie los espera, obligando a improvisar y adaptarse en el aire. El trapecio triple irrumpe como un acto de valentía colectiva, demostrando que confiar en otros es la única forma de no caer. El equilibrio en sillas se transforma en una metáfora clara: mantenerse en pie cuando todo tambalea requiere calma, humor y mucha paciencia.

Cada dificultad es enfrentada con ingenio, juego y complicidad. El público es invitado a opinar, a alertar, a reírse del error antes de que ocurra. No hay cuarta pared: todos están dentro del mismo problema… y de la misma solución.

Entre caídas falsas, sustos exagerados y celebraciones inesperadas, el dúo de mano a mano cómico y los malabares con pelotas y clavas refuerzan la idea central: equivocarse no es fracasar, es seguir jugando.

Finalmente, cuando todo parece a punto de colapsar, el circo encuentra su ritmo. No porque los problemas desaparezcan, sino porque los artistas —y el público— aprenden a mirarlos de otra forma.

El espectáculo termina como empezó: con desorden.
Pero ahora ese desorden tiene sentido.